Dionisio Contreras Casado
Los últimos años han estado marcados por una gran cantidad de trabajos, reflexiones, conferencias, cursos…, sobre la denominada Inteligencia Emocional, y evidentemente, tanto conocimiento, ha supuesto una revolución; y los que han apostado por ella, han visto sus vidas cuestionadas, y en el mejor de los casos, cambiadas a mejor.
Aunque sea ya un lugar común, a los efectos de centrar el tema, tomo como base la manida definición de Inteligencia Emocional, que nos ofrece Daniel Goleman: “La capacidad de reconocer nuestros propios sentimientos y los de los demás, de motivarnos y de manejar adecuadamente las relaciones”, y así, podemos establecer: un Nivel Intrapersonal (Autoconocimiento, Autogestión y Automotivación), y un Nivel Interpersonal (Empatía, HHSS, y Capacidad de Liderazgo).
Al grano: ser un Voluntario Emocionalmente Inteligente, involucra ambos procesos de modo interactivo:
- Proceso de tenerse en cuenta: Sabiendo cómo me siento, identificando mis necesidades, y orientándome a la consecución de mis metas.
- Proceso de tener en cuenta al otro: Saber poner nombre y ayudar a expresar lo que el otro siente, contactar con sus necesidades y motivaciones, y facilitar la acción para la consecución de sus objetivos.
Mantener un alto nivel de bienestar emocional como voluntario, y aumentar el nivel de bienestar emocional de las personas con las que actuó en mi acción voluntaria, pasa por el desarrollo de estas competencias emocionales, de modo que repercuta tanto en el desarrollo personal del voluntario, como al desarrollo de la persona con la que se interactúa.
De lo contrario, es decir: de una carencia en el desarrollo emocional del voluntario, la empatía que es una actitud que nos lleva a sintonizar con el sentimiento del otro, (permaneciendo conscientes de que se trata de un sentimiento de otro), puede adoptar formas indeseables: dependencias afectivas, falsa empatía (empatía de atrezzo), cansancio emocional, o derivar en emociones displacenteras para el voluntario: como pueda ser la impotencia derivada de no saber cómo actuar, el miedo, el dolor o la rabia.
El potencial transformador de la acción voluntaria, tiene más impacto en las personas o en la sociedad, cuanto mayor es la integridad personal del voluntario: de un voluntario emocionalmente inteligente.




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