PROYECTO HOMBRE MADRID

jueves, 27 de enero de 2011

Testimonio

Soy una voluntaria más de los muchos que disfrutamos colaborando con Proyecto Hombre.
Cuando me invitaron a acompañar en su recorrido dentro del Programa Soporte, a los padres/madres de los adolescentes en los Grupos de Autoayuda, debo decir que me entró un poco de pánico; pero, acto seguido, sabía que el equipo terapéutico estaba detrás y no tuve la menor duda.
Al empezar mi primer grupo con otro monitor, me di cuenta de que empatizas con los padres y madres rápidamente, de que entiendes las cargas emocionales y sentimientos demoledores con los que llegan cuando se empieza un grupo de autoayuda, (angustias, miedos, soledad, preguntas sin respuestas….). Empiezan a compartirlos, a ver que en este bache no están solos, que los demás padres y madres tienen parecidos sentimientos y, en este punto, es cuando empiezan a sentir el apoyo del grupo.
Cada vez que termina una sesión de grupo, puedo ver cómo se sienten mejor o cómo, también, salen más “revueltos”, pues hablan de cosas que no pensaban compartir. A veces escuchas a padres decir, “no tenía que haber dicho esto o me arrepiento de haberlo dicho y contarlo”, y enseguida agregan “pero necesitaba contarlo y este es el sitio adecuado porque me siento escuchado y no juzgado”. Incluso cuando comentan cosas, acto seguido se cuestionan lo dicho anteriormente y reflexionan sobre ello.
Para mí es muy gratificante ver día a día cómo en el grupo los padres y las madres, se apoyan, se ayudan a comprender desde el cariño, la escucha y el respeto. Me alegra cómo se nutren emocionalmente y, lo que es más importante, el esfuerzo tan grande que hacen por cambiar actitudes, modos, costumbres y hábitos adquiridos durante tantos años en beneficio de ellos mismos y de sus hijos. Ver el proceso personal al final del ciclo de los grupos, cómo se transforman las resistencias personales en diálogo, la negación en afirmación, el bloqueo en relajación, la tristeza en alegría y sobre todo cómo se va soltando lastre de todos los sentimientos negativos y se vuelven positivos. Y todo esto en un grupo de personas en el que, la mayor parte de las veces, ni siquiera saben el apellido de sus compañeros.
Mi trabajo como he dicho al principio es “acompañar” al grupo de autoayuda y respetar sus resistencias personales. Yo, cada vez que terminamos una sesión, salgo diciéndome:”¡qué suerte tengo!”, compartir esos ratos con los padres y madres del grupo me enriquece a mí y me ayuda a seguir viviendo conmigo misma y con los que me rodean.
Doy las gracias al equipo terapéutico por todo el apoyo y cariño que recibimos, por las reuniones y jornadas de formación que hacemos, sin que falte un solo detalle. Y sobre todo te doy las gracias a ti, padre o madre de los grupos de autoayuda, por permitirme entrar en la intimidad de tu vida que es lo más preciado que tenemos, y porque cada paso que tú das nos anima a seguir adelante


Juana, voluntaria de Grupos de Autoayuda para Padres/Madres

1 comentarios:

Sony dijo...

Fui voluntaria durante más de 5 años en PH y te entiendo. Es muy gratificante.
Un gran trabajo el de profesionales de PH y de voluntarios como tú.
Un saludo,

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